Competir con tecnología versus implementar tecnología
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Las organizaciones del mundo continúan avanzando en su proceso de transformación digital, hoy en día no hay ningún empresario que no esté seducido por las gigantes rondas de inversión multimillonarias de las startups o que no esté revisando las nuevas tecnologías empleadas por su competidor, o alguien que no sueñe con tener el siguiente algoritmo ideal para darle soluciones a sus problemas gracias a la integración de diferentes tecnologías.
Sin embargo, el solo hecho de implementar tecnología en las empresas no significa estar compitiendo con ella, pues según Chaos Report el 82% de las inversiones en tecnología no ven la luz, y el 18% restante más de la mitad no dará los frutos esperados.
Por ello, bajo la premisa de aclarar y educar a los diferentes directivos y empresarios frente a esta temática el martes 10 de mayo, a las 7:00 p.m. se llevará a cabo el taller online gratuito y abierto a todo público ¿Cómo competir con tecnología en un mercado acelerado?, dirigido por Daniel Villa, CEO de Double V Partners, donde los asistentes además de identificar, reconocer y determinar los principales problemas al implementar tecnología y cómo adaptarlos a necesidades puntuales, podrán ganar uno de los cuatro cupos disponibles para un proceso de consultoría de dos semanas en TD con el equipo de la consultech especializada en tecnología y comunicaciones estratégicas.
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“Después de varios debates filosóficos y técnicos nos decidimos a definir el patrón común del desgaste, las frustraciones y los dolores de invertir en tecnología, pues la diferencia entre competir e implementar tecnología es abismal, y nosotros como conocedores en el área buscamos entregar las herramientas y el conocimiento a todas aquellas empresas que quieran avanzar digitalmente al siguiente nivel”, puntualizó Villa.
Es evidente que contar con tecnología es rentable, pero la herramienta per se ni vende más, ni disminuye costos, ni mueve propuestas de valor, pero sí habilita y da “poderes” para poder bajar tácticas que de otro modo hubieran sido imposibles o impagables, y no saber explotar su potencial es condenar las empresas a un futuro poco atractivo. La solución más cara y pomposa no siempre es la correcta, ni la más económica la equivocada.
