Riesgos del sharenting: la privacidad infantil en la era digital

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En la última década, la forma en que documentamos la vida familiar ha sufrido una transformación radical. Lo que antes quedaba relegado a álbumes físicos guardados en un estante, hoy se transmite en tiempo real a una audiencia potencialmente global. Este fenómeno, conocido como sharenting (un anglicismo que combina share o compartir y parenting o crianza), ha dejado de ser una simple tendencia para convertirse en un debate ético y de seguridad crucial en 2025.

Como expertos en tecnología, observamos con preocupación cómo la línea entre el orgullo parental y la vulneración de la privacidad se desdibuja. Ya no se trata solo de compartir un momento tierno; se trata de la creación de una huella digital indeleble para seres humanos que aún no tienen la capacidad de consentir. Celebridades, influencers y familias anónimas se enfrentan hoy al mismo dilema: ¿estamos hipotecando la privacidad futura de nuestros hijos a cambio de likes?

La realidad de los datos y la sobreexposición

La magnitud del problema es cuantificable y alarmante. Un estudio publicado en 2024 por el Italian Journal of Pediatrics arrojó una cifra contundente: el 75% de los padres encuestados admitió publicar contenido de sus hijos en redes sociales sin haber realizado una evaluación previa de las consecuencias a largo plazo.

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Esta acción, a menudo impulsada por el cariño y el deseo de conectar con familiares y amigos, ignora una premisa básica de la seguridad informática: una vez que algo sube a internet, se pierde el control sobre ello. La sobreexposición infantil no es inocua. Investigadores de la Universidad de Southampton, en un informe de 2025, advirtieron que esta práctica expone a los menores a vectores de ataque sofisticados que van más allá del marketing dirigido. Estamos hablando de riesgos tangibles como el ciberacoso, el robo de identidad financiera y médica, y una amenaza emergente que crece con la inteligencia artificial: los deepfakes.

El concepto de «legado digital» cobra aquí una relevancia oscura. Un niño nacido hoy podría llegar a la edad adulta con miles de fotografías suyas en la red, geolocalizadas y datadas, creando un perfil biométrico y conductual completo accesible para actores malintencionados o corporaciones de datos.

Vulnerabilidad y brechas de seguridad en plataformas

El fenómeno del sharenting se agrava por la infraestructura de las plataformas donde se aloja este contenido. A pesar de las actualizaciones constantes, la moderación de contenido sigue siendo un desafío técnico. Un informe de la Universidad Cornell destacó fallos significativos en la moderación y en los algoritmos de recomendación, los cuales pueden terminar exponiendo material familiar en contextos inapropiados o ante audiencias para las que no fue intencionado.

Además, una investigación de la revista Healthcare detectó una correlación preocupante: en los hogares donde el sharenting es una práctica habitual, un 66,3% de los menores presentaba un riesgo elevado de vulneración de privacidad. Esto no solo se debe a la publicación de la imagen en sí, sino a los metadatos que a menudo la acompañan (ubicación GPS, horarios de rutinas escolares, fechas de nacimiento), información que es oro puro para la ingeniería social y el fraude.

La respuesta de la industria tecnológica

Frente a este panorama, el papel de los fabricantes de dispositivos y desarrolladores de software está evolucionando. Ya no basta con ofrecer cámaras con más megapíxeles; la responsabilidad social corporativa exige integrar la «privacidad por diseño».

Empresas como HONOR han tomado la delantera en este discurso, entendiendo que la tecnología debe ser un escudo y no una ventana abierta sin rejas. Kenet Segura, PR Manager de HONOR Colombia, enfatiza esta postura: «Ante este escenario, las marcas tecnológicas tenemos una oportunidad y una responsabilidad distinta… promover un uso consciente, responsable y seguro del smartphone. Creemos que la tecnología debe servir para conectar, no para exponer».

Esta filosofía se traduce en la implementación de características de hardware y software más robustas. Los dispositivos modernos deben priorizar:

  • Gestión de permisos granulares: Controlar qué aplicaciones acceden a la galería y a la ubicación.
  • Espacios privados: Carpetas encriptadas dentro del dispositivo para almacenar fotos familiares que no deben subir a la nube.
  • Controles parentales nativos: Herramientas que no solo limiten el tiempo de pantalla, sino que gestionen la visibilidad del contenido.

Guía para una huella digital responsable

La solución al sharenting no implica necesariamente una desconexión total, sino una gestión informada del riesgo. Para las familias modernas, adoptar buenas prácticas de ciberseguridad es tan vital como enseñar a cruzar la calle. A continuación, presentamos una serie de recomendaciones técnicas y conductuales para mitigar estos riesgos:

Minimización de datos sensibles

La regla de oro es la ofuscación de datos. Evite publicar imágenes donde se distingan uniformes escolares, fachadas de viviendas con nomenclatura visible, o documentos de identidad. Nunca acompañe las fotos con nombres completos ni fechas de nacimiento exactas en las descripciones.

El consentimiento como pilar

Si el menor tiene edad suficiente para entender el concepto de «publicar», se le debe consultar. Respetar su negativa no solo protege su imagen, sino que le enseña sobre autonomía corporal y digital. Si no tiene edad para decidir, la postura más ética es la precaución: ante la duda, no publicar.

Auditoría de privacidad

Revise periódicamente la configuración de privacidad de sus redes sociales. Las cuentas deben ser estrictamente privadas («candado») y se debe depurar la lista de seguidores regularmente. Utilice herramientas que eliminen los metadatos EXIF (ubicación y datos de cámara) de las fotos antes de subirlas.

Educación sobre el entorno digital

Es fundamental tener conversaciones abiertas sobre qué es el sharenting, la suplantación de identidad y el ciberacoso. Los niños están accediendo a dispositivos cada vez más temprano; si no se les educa sobre los riesgos de la exposición, serán vulnerables no solo por lo que sus padres publican, sino por lo que ellos mismos comparten.

Reflexión antes de la publicación

Antes de presionar «compartir», hágase tres preguntas: ¿Esta imagen podría avergonzar a mi hijo en el futuro? ¿Alguien podría usar esta información para localizarlo? ¿Es necesario que esta memoria sea pública?

Hacia un futuro de conexión segura

El sharenting es uno de los desafíos más complejos de nuestra era conectada porque enfrenta el instinto natural de compartir la felicidad con los peligros invisibles de la red. En un 2025 marcado por la inteligencia artificial y la omnipresencia de los datos, la privacidad se ha convertido en el activo más valioso.

Las marcas tecnológicas tienen el deber de liderar con el ejemplo, ofreciendo herramientas que protejan al usuario, pero la responsabilidad final recae en el adulto. Transformar nuestra cultura digital hacia una de respeto y protección es el único camino para garantizar que la tecnología siga siendo una herramienta de empoderamiento y no una fuente de vulnerabilidad para las próximas generaciones. La privacidad de un niño es un derecho, no una mercancía digital.

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Gustavo Torres

Amante de la tecnología con 7 años de experiencia en el cubrimiento informativo de este sector en temas como telecomunicaciones, tecnología de consumo, dispositivos móviles y plataformas en Colombia.

Mi opinión sobre tecnología ha sido tomada por medios como La República o AS. Soy especialista productos de consumo masivo y reviews de hardware. Soy director de tecnogus.com.co

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