Niños y chatbots: una guía sobre los riesgos de seguridad y privacidad en la era de la IA
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La integración de la inteligencia artificial en la vida cotidiana ha dejado de ser una novedad para convertirse en un estándar operativo. A casi tres años de la masificación de herramientas como ChatGPT, que hoy reporta cerca de 700 millones de usuarios activos semanales, la demografía de sus usuarios ha cambiado drásticamente. Un segmento crítico y vulnerable ha adoptado esta tecnología con rapidez: la infancia.
Según un estudio realizado en el Reino Unido en julio de 2025, el 64% de los niños ya interactúa con herramientas de Inteligencia Artificial Generativa (GenAI). Esta cifra plantea un escenario complejo donde la tecnología avanza a una velocidad superior a la de la educación digital y las políticas de protección. ESET, referente global en detección de amenazas, ha delineado los vectores de riesgo más importantes que padres y educadores deben monitorear en 2026.
El impacto psicológico y la dependencia emocional
Uno de los riesgos más sutiles, pero profundos, es la antropomorfización de la tecnología. A diferencia de un motor de búsqueda tradicional, los chatbots están diseñados para emular una conversación humana, mostrando empatía sintética y respuestas personalizadas.
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Para un adulto, la distinción entre máquina y humano suele ser clara. Sin embargo, los niños se encuentran en etapas cruciales de desarrollo cognitivo y emocional. El riesgo radica en que el menor sustituya las interacciones sociales genuinas y complejas con sus pares por una relación unidireccional con una IA programada para complacer.
Martina Lopez, investigadora de seguridad informática de ESET Latinoamérica, advierte sobre las consecuencias de este aislamiento. Al validar constantemente las inquietudes del usuario sin un juicio moral real, los chatbots pueden amplificar involuntariamente problemas como trastornos alimentarios, conductas de autolesión o pensamientos intrusivos, al no tener la capacidad de discernir el contexto emocional grave detrás de una consulta.
Exposición a contenido inapropiado y desinformación
A nivel técnico, los Modelos de Lenguaje Grande (LLM) operan bajo sistemas de probabilidades, no de verdades. Esto genera dos problemas técnicos significativos para los menores:
- Alucinaciones informativas: La IA puede presentar información falsa o errónea con total convicción. Un niño puede tomar decisiones sobre salud o relaciones interpersonales basadas en datos incorrectos presentados como hechos irrefutables.
- Fallas en las barreras de contención: Aunque proveedores como OpenAI o Google implementan filtros de seguridad, estos no son infalibles. Los usuarios con habilidades tecnológicas, incluidos los niños curiosos, pueden realizar «jailbreak» a través de prompts (indicaciones) específicos para saltarse las restricciones, accediendo a contenido violento, sexualmente explícito o inadecuado para su edad.
Privacidad y manejo de datos sensibles
Desde la perspectiva de la ciberseguridad, la privacidad es el activo más comprometido. Las plataformas de GenAI, por defecto, suelen utilizar las interacciones para reentrenar sus modelos o almacenar historiales de conversación.
El peligro surge cuando un niño, que no comprende el concepto de huella digital, comparte Información de Identificación Personal (PII), datos financieros de los padres o detalles íntimos en el chat. Esta información queda almacenada en servidores de terceros, susceptible a filtraciones de datos, accesos no autorizados o monetización por parte de proveedores con políticas de privacidad laxas. La regla de oro en ciberseguridad aplica aquí con mayor rigor: si no compartirías esa información en una red social pública, no debes compartirla con un chatbot.
Señales de alerta en el comportamiento digital
Identificar una relación poco saludable con la IA es clave para una intervención temprana. Los expertos sugieren prestar atención a los siguientes patrones conductuales:
- Aislamiento progresivo de actividades familiares o sociales para interactuar con la IA.
- Ansiedad o irritabilidad notable cuando se restringe el acceso al chatbot.
- Referencia al chatbot como si fuera una entidad viva o un amigo personal.
- Repetición de datos erróneos o «alucinaciones» de la IA como hechos comprobados.
- Consultas en el historial sobre temas críticos de salud mental o física.
- Presencia de contenido para adultos en los registros de actividad.
Estrategias de mitigación y educación proactiva
La solución no reside únicamente en la prohibición, sino en la gestión del riesgo. Luis Lubeck, vocero de Argentina Cibersegura, señala que aunque muchas plataformas restringen el uso a mayores de 13 años, la verificación de edad sigue siendo un desafío técnico fácil de eludir.
Por ello, la estrategia debe ser híbrida: controles técnicos sumados a educación continua.
Implementación de controles técnicos
Es fundamental activar las herramientas de control parental en los dispositivos y en las propias plataformas de IA. Esto incluye la configuración de privacidad para evitar que los datos del chat se utilicen para el entrenamiento del modelo y la limitación de tiempos de pantalla.
Alfabetización digital crítica
El diálogo debe centrarse en desmitificar la tecnología. Los padres deben explicar que la IA es una herramienta de procesamiento de datos, no una conciencia. Fomentar el pensamiento crítico es vital: enseñar a los niños a verificar siempre la información que arroja el chatbot con fuentes confiables y a nunca reemplazar la consulta a un adulto por la respuesta de una máquina.
La iniciativa Digipadres, impulsada por ESET, ofrece recursos para facilitar estas conversaciones, entendiendo que los niños necesitan, ante todo, una guía humana en el centro de su desarrollo emocional. La tecnología es un complemento poderoso, pero su uso seguro depende enteramente de la supervisión y el criterio que los adultos logren inculcar en las nuevas generaciones.
