Casi la mitad de los trabajadores en Colombia admite vulnerabilidad ante estafas digitales elaboradas con inteligencia artificial
Durante los primeros cinco meses de 2026, el Ministerio de Defensa colombiano contabilizó 36.998 incidentes cibernéticos en el territorio nacional. La cifra representa un incremento notable frente a los 27.228 reportes registrados durante el mismo periodo del año anterior, consolidando el arranque de año con la mayor densidad de ciberataques desde que se lleva un registro oficial en el país.
En el entorno corporativo colombiano, es común ver que las estrategias de protección informática se enfocan primordialmente en la instalación de cortafuegos (firewalls) y programas antivirus para los servidores. Sin embargo, no es raro encontrar que los delincuentes están saltándose las barreras técnicas al dirigir sus esfuerzos directo hacia el factor humano, aprovechando herramientas generativas para clonar rostros y voces con una precisión que supera la capacidad de detección a simple vista del empleado promedio.
El factor humano frente a la suplantación multimedia mediante deepfakes
Un reporte titulado Del Riesgo Agéntico al Acierto Humano, elaborado por la firma de ciberseguridad KnowBe4, revela que el 46% de los trabajadores en Colombia considera que podría ser engañado por esquemas de fraude desarrollados con algoritmos de inteligencia artificial, como audios clonados o videollamadas falsas. Esta percepción responde al perfeccionamiento técnico de los contenidos: el 84% de los colombianos encuestados sostiene que los deepfakes de voz y video alcanzaron un nivel de hiperrealismo que dificulta diferenciar los mensajes legítimos de las suplantaciones.
Rafael Peruch, asesor técnico de seguridad de la información (CISO) para Latinoamérica en KnowBe4, explicó que aunque la tecnología generativa ha expandido las capacidades operativas en múltiples industrias, su uso como recurso de ingeniería social representa una amenaza crítica para las empresas que no han actualizado sus defensas. Cuando las organizaciones no preparan a su personal para identificar estas modalidades automatizadas, los grupos delictivos logran validar transferencias monetarias o solicitar credenciales de acceso haciéndose pasar por directivos o proveedores reales.
Herramientas corporativas y una cultura institucional sin temor al reporte
A pesar del aumento en los indicadores de riesgo digital, el informe identifica aspectos positivos en los hábitos informáticos de las empresas colombianas. Un 82% de los trabajadores encuestados afirmó utilizar de forma exclusiva las aplicaciones informáticas, software y dispositivos suministrados directamente por sus empleadores para cumplir sus labores diarias. Este porcentaje se ubica por encima del promedio global, fijado en un 71%, lo que reduce la exposición a vulnerabilidades derivadas de la «sombra de TI» (Shadow IT), práctica consistente en emplear programas personales no autorizados en redes corporativas.
Asimismo, la apertura para comunicar errores humanos dentro de la jornada laboral muestra un terreno favorable en el país:
- El 90% de la muestra colombiana manifestó sentirse segura de informar un fallo de seguridad, un clic accidental o un evento sospechoso al equipo de sistemas sin temor a represalias, sanciones laborales o culpabilización interna.
- La presencia de canales de comunicación abiertos permite aislar la red corporativa a tiempo cuando un usuario detecta una anomalía en su cuenta.
- El acompañamiento continuo en materia de concienciación digital ayuda a reducir la tasa de éxito de los ataques dirigidos contra el personal.
El phishing convencional sigue liderando las fugas de datos empresariales
Pese al auge de los formatos generativos avanzados, las técnicas tradicionales de pesca de credenciales (phishing) mediante correo electrónico o mensajería instantánea continúan siendo el vector de entrada más frecuente. Entre el 70% y el 80% de las brechas de seguridad registradas por las autoridades colombianas se originan en este tipo de ingeniería social básica.
Existe además una brecha de percepción entre la confianza de los empleados y la postura de los empleadores. Mientras que el 92% de los trabajadores colombianos asegura estar capacitado para reconocer un correo malicioso o una solicitud de pago inusual, solo el 43% de los directivos y empresarios confía plenamente en la habilidad de su nómina para identificar estas trampas. Esta desconexión sugiere que la formación en ciberseguridad requiere evolucionar hacia simulaciones dinámicas y constantes, evitando capacitaciones estáticas que no preparan al personal ante la velocidad de adaptación de las amenazas modernas.
